Gora Pander-Eta: La muerte del estado de derecho

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Durante una semana todos los espacios mediáticos españoles se han visto sacudidos por una tormenta de ruido y furia desatada por unos pequeños títeres de trapo. La causa, un pequeño cartelito que muestra brevemente una de las marionetas durante la función.

Mientras tanto, gravísimos delitos de corrupción cometidos por altos cargos políticos e incluso por miembros de la casa real se han visto beneficiados por esta cortina de humo. Una maniobra de distracción de primer orden, que siempre resulta efectiva cuando  se controlan los medios de comunicación masivos y la prensa independiente es muy minoritaria.

Convenientemente se ha silenciado que los titiriteros advirtieron al público antes de comenzar de que los personajes realizaban actos atroces y violentos. Por una obra de ficción, Alfonso Lázaro y Raúl García, los miembros de “Títeres desde abajo” han pasado en prisión incondicional (¡Prisión Incondicional!) cinco días, sin fianza e incomunicados, se les ha retirado el pasaporte, deben presentarse cada día en el juzgado y han visto como les incautaban ese material tan peligroso: sus marionetas, que además son sus herramientas de trabajo. La cultura es una forma de agitación masiva.

La prisión preventiva es una medida excepcional en nuestro ordenamiento jurídico.  Que un juez tome esta decisión sólo es comprensible dentro de la batalla por la alcaldía de Madrid que se está librando en estos momentos. La derecha sabe que estamos en una guerra cultural y trata de ganar con “política-espectáculo” lo que no pudo ganar en las urnas. Es decir, montando circos mediáticos de anécdotas (recordemos la polémica por la cabalgata de Madrid), ya que no tiene otros argumentos a los que agarrarse. No importa que esos argumentos sean reales o inventados, la realidad puede retorcerse y tergiversarse, pocos se toman la molestia de comprobar si hay manipulación.

En España heredamos la derecha más conservadora y tradicional, que no tuvo que rendir cuentas por los crímenes de la dictadura. Las clases dominantes controlan los medios de comunicación y también el poder judicial. A causa de esto, vivimos en una segunda transición, donde la amnistía a la derecha es permanente y nunca razona, muerde directamente, usando sin pudor niños o víctimas del terrorismo. No importa, todo vale porque no se conformará con nada que no sea el control absoluto: ya ha demostrado que incluso está dispuesta a usar las instituciones del estado para encarcelar a aquellos que piensan diferente, la disidencia ideológica. Tampoco le tembló el pulso para inhabilitar al juez Garzón cuando destapó la trama corrupta Gürtel, especializada en el saqueo de fondos públicos. Ni para inhabilitar al juez Elpidio Silva tras el Caso Blesa (expresidente de Caja Madrid). Mientras, hoy en día, los estafados por las preferentes de Bankia, todavía siguen esperando justicia.

Además, invoca de nuevo el “conmigo o contra mí”: si no estás de acuerdo tú también eres ETA, no hay término medio. Eso junto con el delito de “enaltecimiento del terrorismo”, esa vara de medir subjetiva que depende del sesgo del juez, se ha convertido en un comodín para despachar enemigos políticos, disidentes ideológicos, o cualquiera que moleste a las clases dominantes. Da auténtico terror ver como se justifica la represión.

La democracia y la libertad de expresión son los pilares fundamentales del estado de derecho. Este ha sido un ataque claro y directo, de manera que aquí no caben posturas moderadas o simplemente callar: justamente eso es lo que pretenden. Sin duda alguna, es una vez más la estrategia del miedo: tratar que volvamos por nosotros mismos al “Calla, calla, no te metas en líos” o “Mejor no digo nada, no quiero problemas”. Puesto que ya no es posible instaurar una censura de forma institucional, se pretende que practiquemos la auto-censura. El aviso ya está dado: cuidado con lo que dices, puedes ir directo a la cárcel sin juicio, incomunicado y sin fianza. Cada día que pasa el plan que había tras la aprobación Ley Mordaza está más claro: las clases populares tienen libertades, mientras no las usen.

Una sociedad más censurada no es una sociedad más segura. La veda ya está abierta y sólo en esta semana hemos visto como la Fiscalía pedía 20 meses de cárcel para el líder de Def con Dos, Cesar Strawberry, por seis tuits y un retuit (10/02/2016) y  se anunciaba que el poeta Aitor Cuervo Taboada será juzgado el próximo 25 de febrero por enaltecimiento del terrorismo (10/02/2016). Si sus obras se declaran ilegales, dentro de poco, podríamos ver como estos artistas van a otros países “A cantar las canciones prohibidas en España. A representar las obras vetadas en España. A declamar los versos censurados en España”.

Aquí no se debate si estas obras tienen mayor o menor valor artístico, ni si son de buen tono. Tener mal gusto no es delito. Lo que importa es que cuando se coarta la libertad de expresión, el estado de derecho se resquebraja. 

Ahora mismo hay dos posturas: en una estamos todos los que hemos decidido alzar la voz por la libertad, por la democracia, por el estado de derecho y contra la ley mordaza. En otra, los que ejercen la manipulación, el autoritarismo y usan y abusan de todos los recursos públicos y privados que tienen a su alcance para lograr la hegemonía intelectual. Estos son, los que dirigen el pensamiento, los que distraen la reflexión, los que adormecen la conciencia.

Si lo deseas, puedes firmar por la Retirada de los cargos y libertad incondicional para Alfonso y Raúl, ‘Títeres desde abajo’ y también si consideras que el juez Ismael Moreno ha cometido un delito de prevaricación y debería ser encausado.

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Carmena elimina 1.800 sillas VIP de la cabalgata de reyes. Se las da a discapacitados y madrileños de a pie

Desde la época de Gallardón como alcalde, los “hijos de” y las “niñas bien” tenían en Madrid a su disposición 1.800 palcos VIP en la Plaza Cibeles, para que pudieran ver la cabalgata bien sentados. Habituales de la prensa rosa, políticos, empresarios y demás gente guapa/rica/o simplemente a la que se le debía algún favor, aposentaban sus excelsas posaderas separados de la plebe.

Ahora todo esto ha terminado, en palabras de la propia alcaldesa: “Este año si quieren verla tendrán que hacer cola como los demás niños y niñas para conseguir hueco en la grada o acudir a la cabalgata de Pozuelo de Alarcón, la más cercana a las urbanizaciones dónde residen la mayoría”.

Ese espacio, ahora se gestionará de forma distinta, explican desde el ayuntamiento de Madrid: “La cabalgata esta abierta a todo el público y esa zona dónde los famosos podían verla sentados y sin necesidad de guardar colas como el resto de madrileños, se ha destinado a instalar más gradas para los madrileños y se ha reservado una zona para personas con discapacidad a los que se les ha repartido invitaciones”